Desequilibrio Ecológico | ¿Qué pueden hacer las empresas para reducir el impacto negativo en el medioambiente?

Ecological Imbalance

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Nuestro planeta está formado por diversos componentes que crean un equilibrio útil para el desarrollo de la vida de todo tipo de organismos. El equilibrio conlleva estabilidad entre los seres vivos y el medioambiente, pero el ser humano ha adoptado un modelo de producción que implica el consumo masivo de recursos naturales. Por consiguiente, es posible percibir una alteración de dicha estabilidad conocida como desequilibrio ecológico.

El desequilibrio ecológico consiste en un estado del ecosistema que se caracteriza por la inestabilidad en la composición de especies y recursos. Las causas del desequilibrio ecológico pueden ser tanto naturales como artificiales. Las causas naturales más evidentes son el cambio climático, el calentamiento global, el oscurecimiento global y las especies invasivas, mientras que,  las causas artificiales más notorias son la explotación de recursos y la contaminación ambiental.

El ser humano es uno de los principales generadores de los desequilibrios ecológicos en razón del uso de los recursos naturales. A pesar de que no caben dudas de que ha mejorado la calidad de vida de todos y cada uno de nosotros con el pasar del tiempo, no debemos olvidar que los recursos naturales son finitos, mientras que, las necesidades son infinitas. Por ende, nuestro objetivo debería basarse en lograr una conciliación entre nuestros modelos de producción/consumo y el ecosistema en el que vivimos para afectarlo en la menor medida posible.

Si cada vez somos más personas y nuestro consumo es mayor, la pregunta que surge es ¿cómo podemos disminuir el impacto en el medio ambiente? La respuesta no es sencilla, pero podemos estar de acuerdo en que la inversión en tecnología es un factor determinante. El desarrollo de la misma nos va a permitir producir más, o lo mismo, contaminando menos, utilizando una menor cantidad de recursos y reduciendo los tiempos de producción. Por ello, consideramos que es un error afirmar que los avances tecnológicos siempre son contaminantes. En muchos casos, su efecto es el contrario, es decir, una contribución positiva en el medioambiente. Por ejemplo, no hay dudas de que una locomotora a vapor contamina más que un tren eléctrico.

Las empresas tienen que alinear sus actividades y objetivos con principios enfocados al desarrollo sostenible, lo que no implica que deban reducir sus beneficios económicos, ya que, la tecnología permite mantenerlos e incluso incrementarlos, por ejemplo, a través de la utilización de una menor cantidad de energía como hemos hablado en posts previos. No es una tarea fácil ni de corto plazo la adaptación de dichas políticas a la lógica de negocio de cada una de las empresas, pero con el tiempo se podrán moldear las actividades económicas y objetivos empresariales de todos los sectores para que el impacto negativo en el ecosistema sea el menor posible.

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